EL SEMANAL
9 gennaio 2000
Texto: Fernando Rayón y Fernando Urías
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La literatura sobre el Vaticano y sus misterios ha saltado poco a poco por los aires y ahora más que nuncaENTREVISTA A JOAQUÍN NAVARRO-VALLS
LA LITERATURA SOBRE EL VATICANO Y SUS MISTERIOS HA SAlTADO POCO A POCO POR LOS AIRES Y AHORA MÁS QUE NUNCA

Lleva casi 17 años al frente de la Sala Stampa (Oficina de Prensa) de la Santa Sede. Fu nombrado directamente por Juan Pablo II y es una de las personas de su entera confianza. Il portavoce hace un balance de estos años y recuerda los proyectos en torno al Jubileo del año 2000 y el viaje a Tierra Santa, dos momentos claves que el mismo papa ha señalado como hitos de su pontificado.

Está en Madrid para presentar una nueva biografía de Juan Pablo H, la del estadounidense George Weigel. Sin embargo, Joaquín Navarro-Valls es la atracción de la rueda de prensa; la persona a la que todas las televisiones quieren filmar y todos los periodistas entrevistar. Hay que recurrir casi al secuestro para, ya en el hotel, poder charlar con tranquilidad.
Habla con un discurso pausado con unas maneras a medio camino entre la explicación del profesor y las del actor curtido en maratonianas sesiones de entrevistas. No aparenta los 62 años que tiene (Cartagena, 16.11.36) ni el puesto que ocupa. Tiene aires de actor vestido por alguno de los modistas de Via Condotti. Empezamos hablando de los últimos viajes de Juan Pablo II a India y Georgia. El aspecto de Juan Pablo II, temblando como una hoja, volvió a disparar los rumores sobre su precaria salud.

¿Siguen manteniéndose todos los actos previstos para el Jubileo del Año Santo y los viajes a Tierra Santa?
El viaje no es exactamente a Tierra Santa sino a lugares bíblicos; a los lugares geográficos que tienen que ver con Abraham, Moisés o Pablo de Tarso. Por eso, el primer lugar que quiso visitar el Papa era Ur de los Caldeos, la patria de Abraham, hoy en territorio de Irak.

¿Y no es exagerado todo este ir y venir del Papa teniendo en cuenta su estado de salud?
Yo no tendría ninguna dificultad en admitir que es exagerado, pero el tema es que las cosas se juzgan excesivas o no dependiendo de lo que una persona se propone y de las fuerzas con que una persona cuenta, y el Papa está decidido a hacerlo. Por tanto los colaboradores lo único que podemos hacer es preparar el itinerario y la logística del viaje.

También podrán decirle que ya no está para estos viajes.
En una ocasión alguien le dijo: ‘Santo Padre, esto me parece excesivo’ y él, con una media sonrisa, contestó: ‘Si, soy consciente de ello, lo que ocurre es que a veces Dios pide cosas por exceso’.

Uno de sus biógrafos dijo que el Papa pretendía morir mártir en uno de sus viajes.
Esa afirmación me parece gratuita. En la reciente carta que ha escrito a los ancianos dice: «a pesar de las limitaciones que la edad me ha traído, conservo el gusto por la vida».

Pero es un hecho que el Papa es un anciano.
Una persona, independientemente de los años que tiene, empieza a ser vieja en el momento biográfico de su vida en que se queda sin proyectos. Pues bien, si eso es el comienzo de la vejez, excluyo totalmente que este Papa sea viejo. Tiene un montón de proyectos y no sólo para el año 2000.

Pero antes han sido los actos del jubileo. ¿Por qué esa insistencia del Papa en presidirlos?
Hace unas semanas, hablando con Juan Pablo II de diferentes temas, después del viaje a India y Georgia, salió el tema del Jubileo. Yo le pregunté si podía definir el Jubileo con una sola palabra. No lo dudó ni un instante y respondió en griego: ‘ metanoia’, es decir, ‘conversión’.

Eso suena a milenarismo.
Es que uno de los dramas de nuestra época, de lo que llamamos modernidad, es la pérdida del sentido del pecado.

¿Y qué quiere decir con esto?
De alguna forma, el Jubileo sería la recuperación del sentido de la culpa haciendo que ese hombre que ahora está en desarmonía, porque su capacidad racional ha crecido mucho más que su capacidad ética, alcance un equilibrio. Es el aumento de la conciencia moral de nuestra época.

0 sea, que si uno se quiere convertir, sélo puede hacerlo desde una posición de culpa.
Efectivamente, desde una posición de culpa, de pecado, de transgresión de la norma ética, de lo que quiera. Según eso, el hombre que se crea perfecto no tendría que convertirse a nada.
Si, claro, esos problemas los podrá resolver con sedantes. Por eso el Papa da tanta importancia al tema del Jubileo; y por eso lo ofrece al mundo.

Todos a arrepentirse.
Si, porque no es sólo un problema religioso, es también un problema muy profundo de carácter antropológico que puede entender incluso una persona fuera del ámbito de la fe. La capacidad racional se ha desarrollado y la sensibilidad ética ha permanecido, por eso a veces no se califican éticamente los actos; no se tiene un punto de vista ético. El Jubileo debe ayudar a esto, al margen de que uno tenga que arrepentirse de un concreto desorden moral que haya en nuestra vida.

Volviendo al viaje del Papa a los lugares bíblicos. ¿No hay algo de simbólico en este viaje? ¿No es como regresar al lugar donde comenzó todo, corno cerrar el circulo de su vida?
Es posible pero, además del sentido simbólico, hay un elemento de sentido común. Lo que se celebra en el año 2000 es el nacimiento de Jesucristo. El Papa dijo que quería estar en el lugar, Nazaret, en las mismas fechas en el Espíritu Santo había dejado embarazada a la Virgen María.

¿Cuál ha sido el viaje más problemático del Papa?
Problemáticos han sido los que no se han podido hacer.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, China. Ha habido, por parte de las autoridades, una negativa absoluta de que el Papa fuera a China. Cuando estuvimos, hace unos meses en Nueva Delhi, Juan Pablo II quiso hacer una proclamación de los resultados del Sínodo para Asia en algún lugar de la China continental. Se le dijo que no. Quiso hacerlo en Hong-Kong. Se le dijo que no. No se ha podido hacer. Es más, hace ya unos años, en el viaje que llevaba al Papa desde Italia a Seúl, para presidir en Corea un Congreso Eucarístico, la compañía Alitalia, que nos llevaba, no obtuvo permiso para sobrevolar, a 10.500 metros de altura, territorio chino.

¿Algún otro?
Problemático también ha sido el viaje a Moscú, porque hay un proceso de diálogo con el patriarcado ortodoxo de Moscú. Pero el deseo del Papa permanece y las invitaciones se han ido acumulando, con Gorbachov y también con Yeltsin.

¿Y Cuba?
Fue un viaje muy interesante y se resolvió bien. El Papa quería que todos los actos fueran transmitidos a los cubanos. Hubo sus más y sus menos, pero al final se consiguió.

A veces las dificultades no están tanto en los viajes sino en la propia casa. Hay un cardenal ucranio que dijo haber sufrido más en sus 7 años de exilio en el Vaticano que en los 14 que pasé en las cárceles de Siberia. ¿A usted le ocurre lo mismo?
En absoluto. La literatura sobre el Vaticano y sus misterios ha ido saltando poco a poco por los aires y ahora más que nunca. Por lo que se refiere a la información, creo que es muy abundante y accesible.
Hay corresponsales que se quejan de falta de transparencia.
En el Vaticano debemos tener más de 300 periodistas acreditados. Con motivo del Jubileo, pensamos que pueden desplazarse a Roma unos 10.000. Son cifras fantásticas ante las cuales solo cabe que cada informador cuide sus fuentes; fuentes de información que se consiguen a lo largo de mucho tiempo. El periodista que no cuida sus fuentes se encontrará siempre con problemas: en el Vaticano, en la Casa Blanca, en el Kremlim o en la corte británica.

Siguiendo con la falta de transparencia, cuentan que usted, nada más llegar a la Santa Sede, tuvo un enfrentamiento por este motivo con su entonces superior, el cardenal Castillo Lara. Un problema de competencias…
No, no es cierto.

… y que eso provocó que la Oficina de Prensa de la Santa Sede pasara a depender directamente de Secretaria de Estado.
Algo hay, pero el cardenal Castillo Lara nunca tuvo que ver con este tema porque Castillo Lara estaba en el Gobernatorato del Vaticano que es una estructura muy distinta. Es verdad que cuando yo llegué pregunté de quién dependía, funcionalmente y orgánicamente, la Oficina de Prensa. Dependía de un organismo que…

¿De qué organismo?
Del Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales. También me preguntaron mi opinión sobre esa dependencia. Yo, que tenía únicamente experiencia en el mundo civil, argumenté que quien informa de las políticas de una empresa, debe depender de la dirección general.

¿Y quién es el director general en el Vaticano?
Se traduce en la Secretaría de Estado. Y así lo entendieron y fue modificado inmediatamente.

¿Cuál ha sido el momento más difícil en estos 17 años?
Los momentos más difíciles han sido aquellos que la opinión pública valoraba muchísimo, pero que carecían de verdadera incidencia para la Iglesia.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo la Nochebuena que estaba yo en casa y me llamaron -creo que eran las once de la noche – a la línea directa de emergencia desde Estados Unidos para pedirme un comentario sobre el general Noriega. Me sonaba que era el Jefe del Estado de un país latinoamericano y poco más. Tuve un momento de lucidez y pregunté sobre qué aspecto de las actividades del general Noriega quería que le hablase. Me dijeron que sobre su decisión de refugiarse en la nunciatura de la Santa Sede en Panamá. Así supe que acababa de refugiarse en ella. Salí del problema diciendo que era un tema de derecho internacional complejo y que, al día siguiente, daría una rueda de prensa sobre el asunto.

Creíamos que el Vaticano era uno de los sitios mejor informados del mundo.
Ésa fue mi primera reacción. Luego supe que los marines de Estados Unidos, tras desembarcar en Panamá, habían cortado todas las comunicaciones y por eso el nuncio no pudo comunicar con Roma. Así ocurren a veces las cosas.

¿Y el caso Estermann [el jefe de la guardia suiza asesinado por un subordinado]?
Fue un poco lo mismo. Me llamaron la misma noche del asesinato. Me fui para allí y entré directamente en la habitación. El espectáculo era tremendo.

¿Vio los cuerpos en la habitación?
Llegué antes que el forense. Tomé mis notas y esperé que el forense hiciera una primera hipótesis con los elementos que tenia allí. Eran las doce de la noche y no se me ocurrió reservar aquella información para el día siguiente. Informé sobre lo que vi, sin interpretar. Y al día siguiente, cuando pude hablar con una serie de personas, incluidos los forenses, ofrecí en rueda de prensa la hipótesis que la Santa Sede tenia de los hechos.

Pero será consciente de que ante un caso semejante la desinformación que se produjo fue brutal y con ella la desconfianza.
Yo distinguiría. Nosotros dimos lo que había pasado y la hipótesis de cómo se entendían aquellos hechos. Tengo que decir que, cuando seis meses después concluyó la causa jurídica, ésta confirmó nuestra hipótesis. Que un hecho de estas características se interprete de un modo completamente diferente es algo inevitable. Pero eso es lo que lleva a la gente a elegir un periódico u otro. El problema a quien se le plantea no es a la fuente de información, sino al consumidor.

Antes ha mencionado que le llamaron por una línea directa.
¿Qué es eso exactamente?
Un teléfono cuyo número he dado personalmente a las grandes entidades de comunicación. Éste es el número y está disponible las veinticuatro horas del día. Ahora bien, si usted me llama para una cosa que no es de extraordinaria urgencia, se acabó. Después de 17 años no he tenido ni un solo problema. La gente es profesional y no se arriesga a quemarse.

Es de suponer que ésa no será la única consigna de la Oficina de Prensa. Cómo en los periódicos, ¿tienen algún manual de uso interno, un libro de estilo?
No se hace ningún comentario si no se conoce la fuente y si no se ha leído o escuchado la fuente original. «¿Qué comenta usted de fulano que ha dicho?». «Mire usted, yo no he leído eso». Segundo punto. Aquello es la Oficina de Prensa de la Santa Sede, no la Oficina de Prensa de la Iglesia Católica. Por ejemplo, llaman de un diario de Hong Kong para preguntarnos por la opinión de la Iglesia ante una cuestión moral, la que sea. En ese caso respondemos que pregunten al Obispo de Hong Kong. Es decir, la Santa Sede no trata de sustituir el magisterio de cada Obispo, sino que informa sobre el magisterio universal del Papa o de la actividad de la Santa Sede.

¿En algún momento se ha debatido entre la necesidad de informar y la obligación de atenerse a las directrices de la institución que representa?
Nunca.

¿Nunca, nunca?
Pienso que alguna vez se puede haber planteado. ¿Qué cosas hay que tener en cuenta en ese momento? En primer lugar. ¡Uno no es infalible! Que te puedes haber encariñado con un tipo de cosa que no tiene razón de ser. Segundo. El trabajo dentro de una institución comporta atenerte a las reglas de esa institución. Si te gusta, te quedas, y si no, te vas. Es decir, aunque en la teoría se pueda plantear este tipo de conflictos, en la práctica nunca me ha ocurrido.

Después de 17 años al frente de la Oficina de Prensa, ¿seguiría en el cargo con otro Pontífice?
El cargo de director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede es de nombramiento papal.

Pero es de suponer que con un nuevo Papa también se produce un cambio en la política informativa.
Hay una manera de planificar el futuro, que es vivir al día. No nos ha respondido: ¿Continuaría?
En ese caso tendré que hacerme la siguiente reflexión: «¿Tienes la capacidad y la vitalidad para continuar al frente de la Oficina de Prensa. ¿Si o no?». No se trata de continuar por continuar. Ahora bien, no me planteo lo que pasará en el futuro, pero si creo que hay que valorar que ha sido el dinamismo de este Papa en este campo concreto de la dialéctica con la opinión pública el que ha cambiado muchas cosas.

¿Cómo explica el empeño de Juan Pablo II por la información?
Se parte de algo misterioso. ¿Cómo una persona que la mayor parte de su vida la ha pasado en un país donde no existía la opinión pública, como Polonia, puede tener una sensibilidad tan viva hacia esta tema? Segundo.
La información debe estar muy cerca de la toma de decisiones, porque es el único modo de que la persona que debe informar pueda hacerlo con autoridad. Y tercero. Hay ocasiones en que ciertas causas sólo se ganan si se habla con la opinión pública.

¿Por ejemplo?
Durante la Conferencia de la Mujer, auspiciada por las Naciones Unidas y celebrada en Pekín, en China, llegó un momento en que, como las reuniones se celebraban a puerta cerrada, la opinión pública no sabía qué se discutía, al punto de que se elaboró una ponencia que contemplaba el aborto como un derecho, cuando eso es algo que no existe en las legislaciones. No se le concede a la mujer este derecho, sino la despenalización en ciertos supuestos. En tales circunstancias, el Papa consideró que yo tenia que formar parte de la delegación vaticana, cuyo papel debía de ser informar a la opinión pública. Y se desinfló el globo.

¿Cuál es su relación con el Papa?
Una relación profesional.

Pero usted es alguien muy cercano a él. Es de suponer que tenga un contacto más intimo que el estrictamente personal. ¿Por ejemplo, le ha visto enfadado alguna vez?
Pues la verdad es que no lo recuerdo. No, nunca he visto al Papa enfadado.

¿Y serio?
Alguna vez, sí.

¿Con quién?
Con algún periodista. En cierta ocasión, volvíamos de Tailandia, donde habíamos visitado un campo de refugiados vietnamitas, lo que había impresionado mucho al Papa. Así que desde allí emitió un mensaje vía radio denunciando el drama de estas personas. Pues bien, el periodista en cuestión le comentó que había entrado en terreno político. A lo que el Papa, visiblemente serio, le respondió: «Querido señor periodista, usted se equivoca. Llama usted político a un tema que es ético, que es humano. Aceptaría que es político sólo en la medida que quien tiene que resolverlo son los políticos, pero el problema en si es ético y humano».

¿Ha tornado notas durante todo este tiempo?
Algunas, sí.

¿Con idea de publicarlas cuando termine esta etapa?
De momento para tenerlas ahí. Son recuerdos, muchos de ellos de cero valor histórico y enorme valor emotivo y personal. Otros, justo al revés. Ahí están, sencillamente.

¿Y puede contarnos uno de valor emotivo y personal?
Cuando un Papa te gasta una broma en tu propia lengua, eso es algo inapreciable. Haber visto al Papa, por ejemplo, enfermo en el hospital y rezando a solas…. pues todo esto tiene un valor enorme y desde muchos puntos de vista. Antropológico, religioso, histórico si se quiere.

¿A qué anécdota en español se referí?
Muchas. Recuerdo que una vez sobrevolábamos el espacio aéreo español y, como es costumbre, algo que tan sólo ocurre en nuestro país, la fuerza aérea nos puso una escolta. Entonces me llamó el Papa y me dijo: «Ha visto usted». «Sí», le respondí. Y entonces en español añadió: «Claro, es que ustedes los españoles presumen siempre de ser tan caballerosos». Y me pidió que hablara por radio con los pilotos y les agradeciera el gesto. Son cosas que en si no tienen ninguna entidad, pero que indican una sensibilidad que en ocasiones es difícil de encontrar en personas de este nivel.