ABC
16 Mayo 2010
por Antonio Astorga
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La respuesta de la Iglesia a la pedofilia ha sido, es y será radical«La respuesta de la Iglesia a la pedofilia ha sido, es y será radical»
Joaquín Navarro-Valls š Fue portavoz de Juan Pablo II de 1984 a 2005

Médico, humanista, renacentista, la voz que fue del Vaticano da la cara en asuntos como los abusos de sacerdotes. Presenta «Recuerdos y reflexiones» (P&Janés)

—¿Qué sintió estando 21 años junto al hombre más poderoso de la Tierra: Juan Pablo II?
—Me sentí persona muy afortunada. Como el amor humano, que surge sin buscarlo.

—¿Qué teme hoy?
—Que se nos está olvidando pensar, y educar.

—Año V después de Wojtila.
—Ha desaparecido un pilar del paisaje cultural del mundo, dentro y fuera de la geografía cristiana. Cartas del mundo hebreo e islámico piden su canonización.

—¿Qué fue la santidad en él?
—Siempre pensaba más allá de sí; estar unido con Dios era una tensión (dirección) inevitable; la cosa más natural.

—¿Una obra maestra?
—La que hizo consigo mismo. Mantener esa flexibilidad interior para responder a Dios que sí, siempre.

—En Wojtila no hubo manierismo ni retórica seudomística. No le importaba parecer bueno.
—Hubiera preferido no serlo (bueno) a fingirlo, tal era su amor por la verdad.

—En cierta ocasión, usted le vio entonar algo mientras fijaba la mirada en el Tabernáculo.
—Canción popular polaca.

—¿Quién distraía a quién: Dios al Papa o el Papa a Dios?
—Salí sin poder responder.

—También encontró a Wojtila tendido en el suelo, rezando.
—Se lo pedía su espiritualidad, su actitud ante Dios.

—¿Por qué se habla tan poco de las grandes capacidades diplomáticas de Juan Pablo II?
—Era inevitable en los 80, con tres figuras enigmáticas: Reagan, Gorbachov y el Papa.

—Hubo quien dijo que había existido una especie de alianza entre Reagan y el Papa.
—Nada más lejos de la realidad. Reagan, con todo el respeto, era el representante de la diplomacia de la fuerza.

—El presidente USA se refería a Rusia como «imperio del mal».
—Una expresión que nunca habría dicho Juan Pablo II, porque sabía de la presencia en Rusia de muchos millones de cristianos mil años antes.

—¿Cómo llamaría, pues, a la diplomacia de Wojtila?
—De la virtud. Devolver la autoconciencia nacional a los pueblos eslavos, de Rusia y fuera; el aprecio nacional que el totalitarismo comunista les arrancó. Y venció.

—Y derribó al ogro comunista.
—El comunismo cayó porque un hombre del Este, Juan Pablo II, unió las conciencias de Oriente y Occidente en el altar de Derechos Humanos.

—Y Gorbachov peregrinó a Roma a darle las gracias al Papa.
—Por las cartas que él recibió de Juan Pablo II cuando murió su mujer Raisa.

—En la casa de Gorbachov había un icono de la Virgen, y encima, una foto de Lenin.
—Cuando nos lo reveló nos dejó impactados. Era muy distinto a la galería fúnebre y grisácea de los Andropov, Chernenko… Gorbachov y el Papa coincidían en que el centro de la atención de las autoridades públicas era el ser humano.

—¿La conciencia religiosa es garantía contra el terrorismo?
—Sí. Dentro y fuera del cristianismo, y del Islam.

—Juan Pablo II juzgaba intolerable desmembrar Europa.
—En su viaje a Polonia del 79 dio la primera picada para derribar el Muro de Berlín.

—¿Cómo vio usted a Castro preparando el viaje Papal en 1998?
—Me dio un poco de pena; era prisionero de su imagen.

—¿Castro probaba el vino antes que sus huéspedes para que no les envenenaran?
—Cierto, y yo le dije que lo lógico es que el huésped probara su vino, y si sobrevivía poder beberlo él. Se quedó muy serio y luego se echó a reír.

—¿El marxismo es bulímico?
—Raúl Castro quiere disminuir los funcionarios en Cuba. ¡Si sólo hay funcionarios!

—¿Cuba es una jaula?
—Un limpiabotas tiene que pedir permiso al Gobierno para tener un metro cuadrado.

—Volvamos a España. ¿Qué opina del aborto a los 16 años?
—Es una barbaridad. Lo más triste es la soledad existencial de la mujer que se ve en la tesitura de decidir entre la vida o la nada. Es contribuir a dar la vida o a la nada absoluta.

—Es de dominio público que en los últimos años algunos sacerdotes han protagonizado fenómenos criminales graves que violan la dignidad de la infancia.
—La pedofilia es un fenómeno aterrador. La respuesta de la Iglesia a esos casos ha sido, sigue siendo y seguirá siendo radical y decisiva. El procedimiento canónico sobre Marcial Maciel se inició en el Pontificado de Juan Pablo II y se concluyó el primer año de Benedicto XVI. Nada podrá nunca aliviar la vergüenza. Procuremos no caer en la trampa de la hipocresía reduciendo el fenómeno a una acusación selectiva que esconde todo el resto sumergido del iceberg. El «New York Times» acusaba al Papa de encubrir el caso del P. Murphy en Milwaukee cuando, ante las acusaciones contra él, la Policía americana lo consideraba inocente. ¿Por qué no acusar también de encubridora a la Policía americana que tenía más información que su propio obispo? Como dijo Benedicto XVI en Portugal: «El perdón no puede suplantar a la justicia». Porque el crimen así lo exige.